LA HISTORIA
Situándonos ante la Hermandad más antigua documentada de La Palma del Condado, sólo podemos trazar unos perfiles de su extensa historia, que nos lleva a la afirmación de una manifiesta conjunción entre el pueblo palmerino y la Hermandad del Santo Entierro, sirviendo ésta última de soporte de la religiosidad legada desde la lejanía de los tiempos.
Con datos escritos y conservados hoy día, demostramos la vigencia de esta corporación en la centuria del mil quinientos. Se trata de unas referencias encontradas en el testamento otorgado el 16 de enero de 1.600 por el anciano D. Francisco Bellerín ante el escribano D. Cristóbal Jiménez, indicando claramente entre sus cláusulas de última voluntad que “como viejo hermano de la Cofradía de la Soledad y Santo Entierro, solicito para la hora de mi muerte que se me honre y oigan misas como tal hermano”.
Décadas más tarde encontramos que esta Hermandad, a instancias del visitador del Arzobispado hispalense, D. Antonio Monroy, y como consecuencia de la pérdida de los anteriores Estatutos, renovará unas Reglas en 1675 (actualmente conservadas en el Archivo Diocesano) destacando en su prólogo que esta Corporación ya existía desde “tiempos inmemoriales”.
Esta primitiva Cofradía de clase, que tenía por misiva atender el sufragio misericordioso de los difuntos de esta villa de La Palma, ya con plena actividad durante el Concilio de Trento, pudo haber tenido como germen del fomento penitencial la plática aleccionadora que san Vicente Ferrer extendió por estas tierras del antiguo Arzobispado de Sevilla (1.408-1.410) y que dió origen a las primeras corporaciones soleanas de la Archidiócesis.
Tal como se recoge en el libro conmemorativo de la inauguración de la Casa Hermandad, publicado en el 1995 con el título “Historia, Tesoro y Sentir Popular de la Hermandad del Santo Entierro”, se observa desde las últimas décadas del s. XVII que se suceden tanto Reglas como otros textos complementarios (Libros de Inventarios, Registro de hermanos,...) así como la datación coincidente de valiosos enseres, que nos corrobora el alistamiento entre sus filas de hermanos de los estamentos más pudientes de la población: nobles, letrados, hacendados, clero... Aquel siglo será uno de los de mayor devoción a la sgda. Imagen de la Virgen dolorosa de esta “Cofradía y Hermandad de Nª Sª de la Soledad y Entierro de Xpto.”, destacándose sobremanera los piadosísimos cultos en su honor.
A primeros del siglo XVIII, esta Cofradía que radicaba en la Iglesia del Valle, entonces considerada capilla de la Parroquial de san Juan Bautista, pasaría por una etapa trascendente. Se detecta una situación crítica, manifestada en 1.736 por el visitador de la Mitra, que levanta un informe de esta Hermandad advirtiendo que su vida corporativa se reducía a lo elemental y básico en cuestiones de cultos y procesión. Este notable decaimiento desembocará en medidas urgentes dictaminadas desde Palacio: primero nombran como mayordomo fiscalizador a don Álvaro de la Piedra y segundo se media con los Terceros Siervos para la revitalización de la devoción a “la Señora” (nombre profusamente usado en nuestras documentaciones), que desde este revulsivo mariano empieza a secundar el título de Soledad, por el propio servita de Virgen de los Dolores, advocación patronal de la Orden Servita. Hay que aclarar que para la misma devotísima Imagen, aparecerá indistintamente una advocación u otra. (Lo mismo comenzó a ocurrir en localidades vecinas, vg. Paterna del Campo, población natal de Juan Lara Villafranca, introductor de la citada orden en Sevilla a partir de 1713).
La V.O.T. de los Siervos de María, nacida desde la aparición de la Santísima Virgen de los Dolores a los Siete Santos Fundadores el 15 de agosto de 1.233 en el Monte Senario (Florencia) encuentra ya la anexión con esta soleana corporación seglar de La Palma al menos en 1.741. De este año es el rescripto servita concedido por su santidad Benedicto XIV (conservado hasta nuestros días por el especial celo de los descendientes directos de los Díaz y Moneva, ilustres hermanos de sucesivas generaciones que ocuparan altos cargos de responsabilidad en esta Corporación). Por su parte del 18 de septiembre de 1.792, esta Cofradía obtiene de la Santa Sede una Pontificia Bula Servita otorgada por su santidad Pío VI, para alcanzar la remisión e indulgencias plenarias a los hermanos cumpliendo con actos de piedad y caridad en las festividades marianas de la Anunciación de la Virgen y de los Dolores, así como en los señalados días del 15 de agosto.
Avanzando la cronología en 1.820, se documenta una nueva “Bula de Servitas y Rescripto de Privilegio para el Altar de la Señora...". Desde estos años nuestros venerados Titulares, ocupará el relevante altar principal del crucero de la Epístola, ahora en la flamante y barroca Iglesia Parroquial potenciándose el culto de Sabatinas, Septenarios, rezo de la Corona Dolorosa, y solemnizando las festividades de la Señora en septiembre. Un dato a valorar de este impulso devocional lo demuestra el alto índice de niñas bautizadas e inscritas con el nombre de nuestra Virgen o la costumbre de tomar el hábito de Nª Señora de los Dolores con la medallita escapulario, en rogativa o promesa.
Un hecho revelador para esta Hermandad supondrá los sucesos del Terremoto de Lisboa.Según las crónicas “el sábado primero de noviembre de 1755, sobre las nueve y cuarto de la mañana, estando cantando los Oficios Divinos de Tercia antes de la Misa Mayor de la fiesta de Todos los Santos, participando en las mismas sobre unas quinientas personas,... , se levantó un terremoto tan fuerte y espantoso que duró un cuarto de hora con el cual se cayó y arruinó la torre de la Iglesia, cayendo sus campanas... Esto provocó la estampida desamparada de los fieles huyendo del caos nunca conocido, sin producirles a nadie muerte ni herida alguna, experimentando sólo insubsistencia y flaqueza de cabeza, como mal mayor...”. ¡Milagro patente! (En nuestros pueblos vecinos si hubo desgracias humanas). Nuestro hermano Pedro José Moneva refiere en acta capitular del día siguiente que “los vecinos de esta villa se hallan en tanta confusión, dolor y sufrimiento... juntamente con el que experimentan en sus propias casas y edificios urbanos y rústico, ...pues la que no ha quedado incapaz en todo de la habitación, ha quedado cuarteada y amenazando gran ruina...”. Esto nos da un idea de que los estragos pudieron ser mayores, ya que estas precarias condiciones se acentuaron con réplicas posteriores.
La mudéjar parroquia quedaría clausurada para su reconstrucción (esto conllevó la retirada y su detrimento en el culto público de todos sus altares e Imágenes); también hubo cierre cautelar de otras ermitas... Quedando sólo como vacante parroquial, y por trece años, la intacta ermita del Valle, dónde precisamente en estos días se encontraban en piadosos Cultos de Reglas nuestros venerados Titulares para el sufragio de las almas. Es de esta manera que el conmovido vecindario, asumido en la aflicción y congoja, y a la vez agradecidos por salvar sus vidas, rindió con verdadero fervor y piedad, solemnes Te Deum por la misericordia divina ante la milagrosa imagen Yacente de Cristo, nuestro Titular, destacado y alumbrado en su altar del Valle durante el Culto reglado de noviembre, (siendo esta liturgia reconocida como fin primordial de nuestra soleana Cofradía). En los sucesivos días y durante el mes consagrado a la memoria de los difuntos, los aleccionadores sermones remitido desde la Archidiócesis se encargarían de dar a conocer la magnitud de la tragedia a una población atribulada que reforzaría aun más la devoción a nuestros sagrados Titulares.
Por su parte la influencia social de las potentadas familias de nuestros hermanos: como los Moneva, Díaz-Ángel, Domínguez del Castillo, de Flores, Pérez-Ramón o Larios, protagonistas en primera persona de la reconstrucción de la villa y asiduos diarios a estos cultos de clemencia, arrastraban consigo a todo un pueblo hecho clamor y oración, favoreciendo el arraigo popular a nuestros Titulares del Santo Entierro. En esta sociedad palmerina aquel ambiente de sobrecogimiento y resignación desembocará, curiosamente, hasta en ordenanzas emanadas del cabildo civil preservando el orden moral y religioso.
Estas multitudinarias misas de la Hermandad del Santo Entierro, se vinieron repitiendo tradicionalmente, llegando en nuestros tiempos la celebración de una Solemne Función, y la veneración del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en Besapiés expuesto en catafalco durante todo el mes.
No podemos dejar de nombrar a dos hermanos de principios del s. XIX, entregados hasta sus últimos días: D. Pedro Miguel Pérez y Limón, presbítero y mayordomo de la Hermandad durante medio siglo, que entre sus muchas acciones, consagra en honor a nuestra amantísima Titular el primer Campo Santo parroquial a extramuros de la población (paraje de La Vega) ; y Dª Catalina Díaz Mesa, que sostendrá y derrochará todas sus fuerzas en la extensión del culto y la trasmisión del carisma y los valores servitas dentro de esta Hermandad del Santo Entierro.
Ya en el s. XX, los estragos de la Segunda República y el cruento desenlace de la Guerra Civil hará pasto de llamas a todo el sentir de este pueblo. Sabemos, que en la noche del 18 de julio de 1.936, fueron estos Titulares los primeros en ser pasto de las llamas de la incomprensión en esta población. Con su pérdida, se nos fue el grandísimo patrimonio de la misma, ya que los mejores enseres y muchos documentos estaban guardados en un gran arcón o cajón que discretamente formaba parte del altar de la Virgen. Cuentan nuestros mayores, que la Virgen tenía puesto su rico ajuar, heredado de tantos siglos de devoción, con ocasión de las nupcias que se celebró en unos días precedentes por parte de unos hijos de una familia muy vinculada a la misma.
Circunstancialmente, en estos difíciles momentos de miedos y muertes, hacían que gran número de palmerinos se aferrasen al culto particular a estos Titulares. Semanas después, se reorganizaba clandestinamente su vida corporativa tomando como primeros pasos los encargos de las hechuras de los Titulares de esta añeja Cofradía. Así, en escasos meses recibiría la primera novena en ámbitos privados (domicilio de la calle Real) y con gran sigilo, por el difícil contexto, la nueva Imagen milagrosa de la Santísima Virgen de los Dolores. Y un año después, el día de Santiago de 1937 es bendecido nuestro devotísimo Cristo Yacente en la Capilla del Rebaño de María (Pza. Altozano). Por su parte, en la retina de muchas personas, quedará el recuerdo de aquel noviembre de 1940, cuando en el acto de reapertura de la Parroquia localizan a su Virgen de los Dolores con su largo manto extendido sobre las escalinatas del Presbiterio. Desde entonces la nueva ubicación de nuestros Titulares será la actual capilla del Santo Entierro o Sagrario Viejo.
En segunda mitad del s. XX se da el punto más álgido de su actividad corporativa, revitalizando el número de hermanos, creciendo en la calidad ornamental de los pasos y enseres procesionales, potenciando las obras sociales, incentivando la actividad formativa, solemnizando sus cultos, contando con el acercamiento y protagonismo de la juventud desde los primeros años de la década de los ochenta.
Por su importancia y por marcar un hito, hay que recordar al día de la Inmaculada Concepción de 1.995. Que tras cinco años de obras, participando sus hermanos y devotos, se consagra la flamante Casa Hermandad del Santo Entierro por el Rvdo. P. Gregorio Arroyo, siendo la primera en pisar su suelo bendito, Nuestra Señora bajo palio. En aquella jornada nos acompañó todas las hermandades locales, y las vecinas de Santo Entierro de las provincia de Sevilla y Huelva (inclusive capitales). Una década después, en junio de 2005 esta calle fue reconocida por la unanimidad del Pleno del Ayuntamiento con el dignísimo y meritorio nombre de nuestro amantísimo Titular: “Calle Cristo de la Buena Muerte”.
Desde el 27 de enero de 2.000, esta Hermandad cuenta con unas nuevas Reglas que fueron aprobadas por el Rvdsmo. Obispo de Huelva, D. Ignacio Noguer Carmona, en coherencia con los estatutos marcos emanantes de la Diócesis. Por su parte el Miércoles de Pasión de 2.001, sexto día del Septenario, fuimos visitado por nuestro Prior Provincial servita, residente en Madrid. Ya en septiembre de 2003 pudimos conocer al Prior General, con sede en Roma. Igualmente fue señalado el Sábado Santo de 2006, que con el antecedente de la suspensión de la procesión del día anterior debido a las incesantes lluvias, esta Hermandad quedaba representada corporativamente por primera vez, vistiendo nuestra característica túnica de nazarenos, en la Estación de Penitencia hasta la S.M.P. Iglesia Catedral de Sevilla, acompañando a la Real Hdad. Servita sevillana en el cincuentenario de su reorganización.
También venimos asistiendo a los Encuentros Regionales de Fraternidades y Hermandades servitas, con ocasión de Adviento y Pascua de Resurrección. Así como a las Convivencias Nacionales de la Soledad.
Con respecto a las obras materiales, con mucho esfuerzo y sacrificio, se ha levantado un almacén destinado a complementar las dependencias de la Hermandad del Santo Entierro, para recoger las estructuras y elementos necesarios de nuestra caseta de feria, así como servir de local de ensayo de los hermanos costaleros y rincón cofrade de todos los hermanos.
La actual Junta de Gobierno, vigente desde 2005 y presidida por D. Juan Jesús Ramos Lagares, tiene entre sus proyectos la conservación y restauración de sus enseres, y en este sentido se están ultimando los bordados de las bambalinas del palio de la santísima Virgen y se ha iniciado la realización del nuevo paso de Cristo, asignado el trabajo al tallista sevillano D. Francisco J. Pineda.
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